Ganador de la primera edición del concurso de relatos

16 Sep

Hola libro lectores. 🙂

Muchas gracias a todos los participantes. ¡Vuestros relatos son geniales!

Antes de anuncia el ganador/a del concurso de relatos, hemos de decir que ha sido muy difícil elegir el relato ganador. Todas las historias nos han gustado mucho.  Y el nivel ha sido muy alto.

Hemos valorado la originalidad, la expresión, que no tuviera faltas etc.

Nos lo hemos pasado muy bien leyéndolos y esperamos que participéis en la segunda edición el años que viene. 🙂

Los participantes han sido:

  • Tomás Alonso con El bosque del millón de huellas
  • Beatriz Blanco con La pequeña escritora del banco
  • Bianca.J con Escribe,escribe,escribe…
  • Noemí Castillo  con En busca del Draid perdido
  • Youko Blue con Vuelta a la ciudad en 80 minutos.
  • AboutTargaryenz con La falta de importancia en ser recordados. (A falta de título)
  • Fred Greedle con Diario de un escritor. ¿Qué son las musas?
  • Deivid  León con El científico
  • Lydia Gallego con Aquella natural de Delos
  • Cacahuete con Esa vida de libro… (A falta de título)

Y la ganadora es… (redoble de tambores) Yokuoo Blue.(Twitter: @HotCakeDotCom) ¡¡Enhorabuena!! Contactaremos contigo para enviarte el premio. 😛

Y a continuación el relato ganador:

VUELTA A LA CUIDAD EN 80 MINUTOS

Érase una vez… No, no voy a comenzar una historia así. En la ajetreada ciudad Akita, la pequeña Nozomi de tan solo 5 años jugaba con su preciado osito Ponta. ¡Ella adoraba al peluche! Era tan reconfortante y calientito que siempre lo llevaba consigo. Unos lindos rizos marrones tapizaban al oso, dos limpios ojitos de cristal y un moño que prendía de su cabeza. No podía ser más adorable, ¿no crees?

Aquél día estaba admirando al cielo moteado de nubes. Aún no conseguía hablar bien del todo, así que solo le tarareaba a Ponta la canción que su madre le cantaba cuando era hora de dormir. También tenía un gato llamado      Natsu, quien siempre la molestaba. Esta ocasión no fue diferente, o tal vez un poco sí.

El gato se acercó a la ventana donde estaba Nozomi, alargó una garra y jugueteó con el vestidito de la niña. A ella no le gustaba que Natsu se acercara, porque podía revelarse en cualquier momento. Bajó del banco donde estaba hincada e hizo sonidos extraños para alejar al felino, sin mucho éxito. Se dio por vencida y regresó con Ponta. Hacía un día preci… ¿Y Ponta?

Nozomi se asomó por el hueco de la ventana, para darse cuenta de que la mancha que veía cayendo a toda velocidad no era nada más que su osito. Se dirigía hacia la acera de la calle. De repente Ponta chocó contra el suelo, rebotando al caer. Nozomi casi se volvió loca, pero trató de conservar la calma y fue a buscar a su madre.

—O-Okasan? —Balbuceó Nozomi.— ¿Mamá?

No hubo respuesta, por lo cual la pequeña continuó buscándola. No estaba en su habitación, ni en el cuarto de baño. La oficina de su padre estaba desierta, y él estaba en el trabajo. Supuso que su madre estaba en un mandado, sin embargo eso no la consoló, Nozomi quería a Ponta, pero estaba a la deriva en la calle. Ella misma tendría que ir a por el peluche.

Por suerte su madre nunca dejaba con seguro la puerta del departamento, así que se puso de puntillas y giró el picaporte, salió al pasillo y cerró detrás suya. Esto sería fácil. Bajó poco a poco las interminables escaleras del edificio, hasta llegar al recibidor. Unos cuantos turistas se pasaban por ahí, saludando alegremente a los empleados, quienes cargaban las maletas que llevaba la gente.

A nadie le importó que una niñita se abriera paso a empujones para llegar lo más pronto a su destino: la salida. Una ráfaga de viento frío se topó con la cara de Nozomi, haciendo que se estremeciera, pero eso no era lo importante en ese momento. «Ponta, Ponta, ¿dónde estás?» Quiso gritar la pequeña. Miraba a un lado y a otro, pero su peluche no estaba en ningún lugar. Muchas personas iban de izquierda a derecha, empujándose entre ellas, contando también a Nozomi, quien en situaciones como esa estaría aterrada, pero no podía pensar en ello.

Vislumbró unos rizos en el suelo, tan brillantes y suaves que no podían ser de nadie más que de Ponta, pero estaba dejándose llevar hacia donde miles de pies lo pateaban, sin resistencia. Apenas reparaban en el pequeño crío que pasaba entre ellos, corriendo lo más rápido que sus regordetas piernecitas le permitían. Casi resbalaba en más de una ocasión, pero ayudándose de los pantalones que iban y venían, nunca cayó, lo que la ayudó para llegar más pronto junto al osito.

Se encontraba frente a ella, con su cuerpo afelpado reposando en el piso. Se agachó para recogerlo, lo apretó contra su pecho y prometió nunca volver a dejarlo ir. Ya era hora de volver a casa… Volvería, de no ser que el camino tan difícil que recorrió la desorientó por completo. El edificio Akita Castle no estaba a la vista. Entre tanta gente, sólo veía borrones, en una esquina, un hombre de traje azul bien planchado y maletín oscuro esperaba la luz roja que indicaba podría pasar hacia el otro lado de la calle. Se veía apresurado.

Nozomi se acercó tambaleándose hacia el hombre, quien apenas le dirigió una mirada. Cuando estuvo cerca, llamó de la única manera que podría hacer que centrara su atención en ella, jaló ligeramente de su traje. Su traje azul bajó hasta estar a la altura de Nozomi, que sólo dijo una palabra:

—Ie? —Susurró.— ¿Casa?

El hombre negó con la cabeza, lamentando no poder ayudarla. Estaba muy apurado, tenía que llegar a su oficina o de lo contrario lo despedirían, no podía darse el lujo de llegar tarde.

Nozomi, desilusionada, siguió buscando a alguien que la ayudara. ¡Quien sea! ¡Por favor! La pequeña no distinguía a ninguna persona por la calle, hasta que un enorme carro de comida le tapó la vista. La anciana que arreaba con el carrito atendía a los ciudadanos que paraban para comprar porciones de tofu, sushi o teriyaki, comida típica de Japón. Nozomi también llamó a la mujer, tiró levemente de su delantal amarillo y preguntó lo mismo:

—Ie?

De su parte no recibió ayuda, la anciana se disculpó, excusándose con su arduo trabajo, el cual debía concluir para alimentar a sus hijos. No podía ser que nadie ayudara a una niñita perdida. ¿Tan ocupados estaban? Nozomi deseó poder leer, o por lo menos hablar. Akita Castle, Akita Castle, necesitaba llegar allí.

Cerca de donde estaba la chiquilla, un niño se detenía con su madre para poder saborear aquellos deliciosos dulces que llevaba. Lucía unos dos años mayor que Nozomi, con un extraño gorro verde en la cabeza, que se agitaba cada vez que se inclinaba para tomar un dulce. ¿Sabrán dónde está su casa?

En ese momento, Nozomi estaba realmente asustada, ¿qué pasaría si no volvía a ver a su mamá? ¿De verdad había valido la pena montarse esta aventura? ¿Dónde rayos estaba su casa? No lo sabía, y eso la aterraba aún más. De repente, mientras iba directa al niño de los caramelos, lágrimas brotaron de sus pequeños ojitos, rodando sin cuidado por su cara, dejando surcos por donde pasaban. Comenzó a sollozar, frente a la mujer y su hijo, que la miraban con la cara llena de compasión.

—¿Qué te pasa? ¿Te perdiste? —Intentó adivinar el niño, apenas pudo reaccionar. Nozomi solo atinó a asentir.

—Es una pena —Suspiró la dama, con la mirada perdida.— Nosotros somos nuevos en esta ciudad. De verdad nos hubiera encantado ayudarte, pero por desgracia es imposible —Luego de ello, le tomo su diminuta mano y la zarandeó en forma de saludo, o en ese caso, de despedida.

La niña se volteó, con la esperanza de ver a su madre detrás de ella, gritando su nombre y abriendo los brazos para envolverla en ellos, sin embargo lo único que la esperaba al volverse no era nada más que el agobiante aire que se había vuelto caliente debido a la cantidad inmensa de cuerpos que transitaban.

Siguió buscando a alguien, suplicando en la mente que alguien apareciera. Casi todos pasaban como rayo a su lado, sin tiempo o sin interés para detenerse a hablar con ella.

—S-sí. Estoy de acuerdo. ¿Q-qué? No, no, qué va. Lo sé, Hibiki —Un hombre con aspecto extraño caminaba tranquilamente, sin inmutarse cuando lo empujaban. Lo extraño era que no había nadie a sus lados, y no llevaba celular o algún rastro de que mantenía comunicación con alguien más. Susurraba a la nada, con los ojos fuera de órbita.

Como si se hubiera materializado de la nada, miró con asombro a Nozomi. Ella también notó que tenía un tic en el rabillo del ojo, lo cual hacía parecer que lo entrecerraba.

—Hibiki dice que tú eres especial. Y tu oso también lo es. ¡Marcarán un antes y un después en la historia de Japón! ¡Todos estamos condenados a su poder! —Nozomi retrocedió, queriendo alejarse lo antes posible de aquél hombre. Hablar con él no era una opción.

Cuando estaba a punto de tirar a correr, un hombre sonriente pasaba a su lado. Se quedó mirándolo, a lo que él se dio cuenta. La saludó con la mano y se acercó pidiendo perdón a  las personas cuyas carreras se veían interrumpidas por él. Tenía unos dientes blancos que resplandecían con el reflejo del sol, un peinado lleno de gel para el cabello y una camiseta de colores.

—¡Hola! —Exclamó, haciendo que Nozomi se sobresaltara.— ¡Me llamo Haruhi! —Después de eso, le tendió la mano, sin dejar de sonreír. La niña, tímida y aún un poco aterrada por el hombre anterior, extendió su mano.

—Ie —Repitió por tercera vez en el día.

—¡Ah! ¡Ya veo! ¿Perdiste a tu mamá? ¡Yo puedo ayudarte! Ya verás lo fácil que vas a llegar con tu madre, seguro que es muy bonita, porque tú también lo eres. ¿Puedes decirme de dónde vienes? —Dijo todo eso sin tomar siquiera una bocanada de aire.

Nozomi, alegre de por fin haber encontrado a quien creía el indicado, le susurró dos palabras:

—A-Akita Cast-Cas-Castle —Haruhi torció la boca, negando ligeramente con la cabeza.

—La verdad es que no conozco ese lugar, ¡pero pronto lo conoceré a la perfección! Ven conmigo, te prometo que no te haré nada —Por segunda ocasión le ofreció la mano.

Detuvieron a un policía que se veía desafiante, con el arma enfundada. Dubitativo, Haruhi le preguntó la ubicación de Akita Castle.

—Disculpe, buen hombre, ¿podría decirnos dónde se encuentra el edificio Akita Castle?

—Por supuesto —Respondió con una voz grave.— Estamos ubicados en la calle Chuo Dori, lo que significa que el Akita Castle se encuentra justo dos calles enfrente. Estoy seguro de que no tendrán problema en llegar allí.

—Estupendo, ¡muchísimas gracias! —Agradeció el otro hombre. Arreó con él a Nozomi, quien estaba eufórica ante la idea de por fin encontrar su hogar, y lo que era más importante, a su familia. En muy poco tiempo, llegaron a la inmensa construcción que se erguía imponente frente a ellos.— Ya estamos aquí, pequeña. ¿Recuerdas el número de tu departamento? —Nozomi negó, pero apenas hizo ese gesto, se escuchó un grito.

—¡Nozomi! —La niña se volvió, para encontrarse a su madre, con la cara bañada en lágrimas. Cuando la tuvo de frente, también liberó su propio llanto, y aferró con fuerza la cintura de la mujer. Estaba tan alegre de estar por fin en su hogar, con Ponta.— ¿Estás bien? ¿Por qué te fuiste sin más? ¡Pudo haberte pasado algo!

Luego de ese reencuentro, su madre invitó a Haruhi a pasar, agradeciendo infinitas veces el haberle llevado a su hija de vuelta. De tanto agradecimiento, trató de hacer un gesto en forma de recompensa: pagarle.

—¡Oh! No, no, yo no puedo ni debo aceptar eso. Yo la traje aquí porque me pareció peligroso que estuviera rondando por ahí sin ningún adulto, no por dinero —se defendió Haruhi, regresando a la mano de la mujer los yenes.

—¿Está seguro? Puedo pagarle cuanto quiera —insistió.

—De ninguna manera, no sería propio de mí aceptarlo. Bueno, si hemos terminado ya, me disculpo, tengo que llegar con mi esposa. Ya sabe, no quiero que les pase lo mismo a mis pequeños —bromeó, soltando una carcajada seca. Se volvió hacia Nozomi y le dio un abrazo.— Ten más cuidado.

Se levantó, caminó hasta la puerta y salió. Nozomi prometió nunca volver a meterse en un problema así, ya sabía las consecuencias y por nada del mundo quería experimentarlas. Se volvió para llevarse al oso a su habitación, pero se encontró con Natsu.

¿Dónde se había metido Ponta? Todo se puso patas arriba de nuevo… ¿Lo encontrarán? Se enfrascaron en una aventura nueva, pero supongo que es demasiada movida por hoy. Puedo decir que Ponta apareció otra vez, el mundo de la niña se llenó de alegría y luego se fue a dormir. Shhh, vámonos sin hacer ruido. Buenas noches, Nozomi.

¿Quieres enterarte de algunas cosas? ¡Sigue leyendo!

  1. La mayoría de los nombres tienen un significado, aquí van:

Nozomi: Esperanza.

Natsu: Verano.

Haruhi: Soleado.

Hibiki:

  1. Akita realmente existe. Es una ciudad, capital de la prefectura de Akita. Ubicada en Japón, cuenta con 335,537 habitantes aproximadamente.
  1. Akita Castle -en esta ocasión utilizada como edificio departamental- hace su papel como un hotel que se encuentra también en la ciudad antes mencionada.

4. Y sí, efectivamente, la calle Chuo Dori es real. De igual manera, está cerca del Akita Castle. Como te habrás dado cuenta, el entorno donde vive Nozomi es real, ¿qué nos dice que ahora mismo no hay una pequeña en busca de su peluche?

 

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Una respuesta to “Ganador de la primera edición del concurso de relatos”

  1. Sandra diciembre 1, 2014 a 9:53 am #

    Me encanta que haya este tipo de concursos que fomenten la escritura y a su vez la lectura. Soy una amante del terror y actualmente estoy leyendo un realmente apasionante. Os dejo el link por si queréis un poco de suspense en vuestra vida.

    El laberinto de Agua

    Un saludo!

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